sábado, 15 de mayo de 2010

The Wire. La quinta temporada cierra una obra maestra.

Como si se tratase del acontecimiento del siglo, envuelto en una nube de melancolía y emoción, el viernes pasado por fin llegué hasta ese último episodio de The Wire. Después de cinco temporadas paseando por las calles de Baltimore, disfrutando y sufriendo con cada pequeño matiz de la serie como si éste fuera todo un maravilloso y a la vez desasosegante universo de preguntas sin respuesta, no podía despedirme de sus personajes sin antes tomarme unos cuantos días de reflexión en busca de una inspiración que estuviese a la altura de semejante grandeza televisiva. Echando la vista atrás todavía recuerdo perfectamente ese primer capítulo (denso pero majestuoso y complejo), donde todo aún estaba por escribirse. Dicho episodio era la primera pieza de un gigantesco y apasionante collage, cuyo último exponente (escrito con sabiduría y precisión) cierra a la perfección la historia de una ciudad enfrentada a la pesada lacra que siempre es la delincuencia devoradora de almas. En la primera temporada vimos como unos pocos buenos policías trataban de erradicar parte de la droga de las esquinas de Baltimore, con una primera escucha que muchas veces no encontraba a quien agarrarse, perdida ente los entresijos de una ciudad repleta de callejones sin salida. En la segunda, veíamos como en los muelles de una gran ciudad la corrupción de los sindicatos conducía inevitablemente a un final de múltiples y amargas lecturas. La tercera nos introducía en los despachos de los altos mandos de la policía, intentando proponer algunas soluciones cuya eficacia se perdía entre el maquillaje de unos informes que casi siempre estaban adulterados. La cuarta encontraba la raíz del problema en la educación, y nos obligaba a mirar dentro de esa infancia y adolescencia malograda, mientras nos daba un pequeño halo de esperanza personificada en el idealismo de un político tan predispuesto y capacitado como desafortunadamente ingenuo. Esta quinta temporada, centrada en la prensa, cierra de manera ejemplar cinco temporadas que pasarán a la historia de la televisión como uno de sus mayores logros. Adentrémonos pues en ella……..

¡Spoilers! Como viene ocurriendo en casi todos los inicios de temporada, los primeros episodios nos vuelven a traer multitud de personajes nuevos con tramas de largo recorrido. Una vez más la paciencia es fundamental para poder disfrutar de éstas, pues temporada tras temporada la serie siempre se ha caracterizado por ese lento (pero imparable) incremento en la tensión narrativa. En este caso vemos el día a día de un periódico como el Baltimore Sun, sumergiéndonos poco a poco en sus múltiples personajes, desarrollando sus psicologías y actitudes en una delicada presentación que puede llegar a resultar algo tediosa si uno no está acostumbrado a este tipo de costumbrismo televisivo. De aquí ya podemos empezar a sacar varias conclusiones. El periódico en cuestión vive en un constante filo moral entre el sensacionalismo comercial y la veracidad informativa contrastada. Ésta última personificada en su redactor jefe “Gus Haynes”, alter ego del propio David Simon que también fue periodista del mismo periódico.
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Mientras tanto comenzamos a comprobar las difíciles gestiones que tiene que llevar a cabo el joven nuevo alcalde Carcetti, y sobre todo sus primeros quebraderos de cabeza a la hora de tener que cumplir sus propias promesas. Éste pronto descubre que deberá hacer múltiples concesiones si quiere sacar a delante sus proyectos de futuro, recibiendo su primer jarro de agua fría al comprobar que ha heredado una tremenda deuda de su anterior dirigente, sumiendo la ciudad en una terrible crisis económica difícil de sobrellevar. Como consecuencia directa el crimen de la ciudad ha vuelto a subir debido a una descomunal falta de personal, horas extras, y recursos económicos que han dejado a la mayoría de agentes bajo una brutal desmotivación.
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Bajo este desolador panorama laboral reaparecerá nuestro querido McNulty para sacarse de la chistera un nuevo caso (esta vez inventado por él mismo) sobre un asesino en serie de indigentes, cuya trama se acabará convirtiendo en la base central de toda esta última temporada. Su propósito no es otro que el de llamar la atención de los medios de comunicación, canalizando los recursos económicos que le son asignados hacia el objetivo de atrapar al mayor traficante de la ciudad “Marlow Standfield”, cuyo caso se hallaba en punto muerto tras los asesinaros de las casas abandonadas. Al mismo tiempo McNulty acabará convirtiéndose en el benefactor y distribuidor oficial de esos recursos, introduciéndose cada vez más en una peligrosa aventura de engaños y maquinaciones cuyo tramo final inevitablemente terminará por escapársele de las manos.
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Lo mejor de la temporada vuelve a ser una vez más su exquisita lectura entre líneas, y la sutileza y a la vez contundencia de sus conclusiones finales. En primer lugar comprobamos que en cualquier batalla política que se quiera ganar, por mucha determinación que se tenga, uno debe estar dispuesto a regalar algunos de esos sueños iniciales si quiere conseguir que otros tantos sobrevivan al vaivén del juego político de intereses en el que se está inmerso. Carcetti aprende esta lección justo a tiempo de comenzar un nuevo reto como gobernador, acabando por formar parte del mismo sistema que en un principio quería destruir. En segundo lugar descubrimos que a la prensa le importan más los premios y las tiradas de ejemplares que la verdad que se halla en el corazón de cualquier noticia. El periodista partícipe activo en la mentira del asesino de indigentes termina por ganar un premio Pulitzer que nunca debiera haberle pertenecido. En tercer lugar, el atajo que se sacan de la manga los detectives Lester y McNulty, aunque en un principio parece dar buenos resultados, finalmente acaba sirviendo para más bien poco al quedarse atrapado el caso en una burocracia que termina por sacar a Marlow de la cárcel. Eso sí, en un arranque de genialidad final Simon y sus guionistas nos dejan intuir que éste terminará donde debiera arrastrado por su propia naturaleza de criminal.

En cuanto a los personajes principales (como en la vida misma) unas de cal y muchas de arena. Unos siguen con sus vidas como si nada hubiera pasado dando lo mejor de sí, es el caso de Kima o Bunk. Lester y McNulty son apartados del cuerpo indefinidamente por un injusto ajuste de cuentas que los llevará a rencontrarse consigo mismos. Algunos consiguen ascensos con sabor a derrota, como Rowls o el propio Carcetti por poner los mejores ejemplos, y otros dimisiones forzadas con sabor a gloria como bien pudiera ser ese satisfactorio final donde vemos a un felizmente abogado Daniels. Muchos han aprendido a dejarse llevar por las injusticias de un sistema altamente contaminado como ejemplifica el detective Helk, y otros intentarán aportar su granito de arena en puestos de más responsabilidad como seguro le ocurrirá finalmente al sargento Carver tras su merecido ascenso. Bubbles parece haber encontrado un camino firme donde reponer su espíritu lejos de la drogadicción, mientras Michael termina por caer de lleno en los brazos de una delincuencia que inevitablemente le ha ganado la batalla. En cuanto a Omar, con su precipitado regreso a las calles de Baltimore en busca de una innecesaria venganza y con su muerte rápida, veraz e inesperada Simon nos despide de un personaje mítico e inolvidable trasladando su leyenda más allá de su propia muerte.

Los últimos cinco minutos de esta temporada ponen la carne de gallina porque sabemos que no habrá un nuevo episodio de The Wire, y porque al fin y al cabo han sido cinco años de historias repletas de autenticidad, y personajes complejos y muy humanos. Una relato imperecedero que perdurará para siempre en nuestra conciencia colectiva de seriéfilos.

6 comentarios:

  1. Lo de Omar fue sorpresivo e impactante, no muy televisivo, pero si realista, a mí me gusto mucho la quinta y su parte del periódico, así como los cierres de los personajes, menos mal que ahora tengo Treme para quitarme el mono que me dejó The Wire.

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  2. Satrian: Desde luego no hubo ninguna concesión de cara a la galería. Simon se quedó agosto con la crítica feroz al Baltimore Sun y sobre todo al medio periodístico. Ayer vi por fin el piloto de Treme y me gustó mucho. Como diría Bogart "Creo que será el inicio de una hermosa amistad".

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  3. En el trono de las series, esto es realismo puro.

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  4. En el trono de las series, esto es realismo puro.

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  5. Me encantó la serie, la vi toda en menos de dos semanas. Sufrí la muerte de Omar, me agarró desprevenida.

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  6. Me encantó la serie, la vi toda en menos de dos semanas. Sufrí la muerte de Omar, me agarró desprevenida.

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